La reactividad canina, qué es y por qué ocurre

Los perros son animales altamente sensitivos, que pueden experimentar múltiples emociones como el miedo, la ira o la alegría. También son muy empáticos, siendo hábiles al sentir y adaptarse a los sentimientos de sus tutores. Ambas capacidades hacen que sean perros que proporcionan una convivencia agradable.

Sin embargo, existen individuos que desde su etapa de cachorros hasta su edad adulta no tienen la habilidad de gestionar sus emociones. Por esta razón, manifiestan reactividad canina, mal comportamiento o nerviosismo. Una forma de solucionarlo es mediante el adiestramiento de especialistas como el Instituto Dog Coaching y la Saga Desafía a la Reactividad.

¿Qué es la reactividad canina y por qué ocurre?

La reactividad se relaciona directamente con la escasa capacidad que tiene un perro para gestionar de forma adecuada sus emociones positivas o negativas. Por lo tanto, reacciona de forma desmedida ante un estímulo externo, como pueden ser otros perros, personas, coches, motos, bicicletas, etc. Estos perros suelen mostrar un comportamiento emocionalmente muy intenso, inquieto y difícil de controlar.

Para diagnosticar la reactividad canina los especialistas en comportamiento animal indican que el perro debe exhibir esa conducta constantemente. Es decir, que no puede tratarse de situaciones puntuales. Las causas que pueden dar origen a la reactividad son diversas y dependen de la crianza de cada perro. Algunas de las razones más señaladas por etólogos y veterinarios son la frustración y el miedo, ya que ambos son estímulos emocionales que generan estrés. Asimismo, puede ocurrir por un comportamiento aprendido de alguna experiencia. Mientras que las menos frecuentes son la falta de sociabilización, fobias, castigos o excitación.

La Saga Desafía a la Reactividad explica cómo gestionar las emociones de los perros

La Saga Desafía a la Reactividad es una serie de libros escritos por Mónica Corchado, Técnico Superior en Psicología Canina e Instructora de Perros de Utilidad, que ayudan a reconocer y controlar la reactividad mediante técnicas de gestión emocional canina.

En el primer volumen de la saga se aborda la reactividad canina a profundidad, identificando sus causas, consecuencias y los signos que permiten diferenciarla de la verdadera agresividad. Además, se estudia el lenguaje canino y la forma en la que los perros dan a conocer sus necesidades o temores, así como las pautas a aplicar en cada situación. El objetivo es mejorar la relación con el animal y comenzar a trabajar en el conflicto.

Por su parte, en el segundo tomo se explora con profundidad todo lo relacionado con las emociones, la propia gestión emocional tanto de la familia como del perro, y el estrés canino. De acuerdo a la autora, los animales necesitan cierto grado de libertad en sus vidas. Para que esto sea posible, se enseña a ejercitar el autocontrol y la gestión de las emociones en los perros.

En el tercer tomo se aborda una de las causas principales de la reactividad, el miedo, y cómo el olfato del perro le puede ayudar a ganar seguridad en sí mismo a la hora de afrontar las situaciones del entorno.

La reactividad canina puede causar situaciones que deterioran la relación armoniosa entre el animal y su tutor. Este es un problema que se soluciona con una adaptación al entorno y con un cierto equilibrio emocional por parte del perro, pero también de la persona. De esta manera, es posible disfrutar de los paseos junto a sus perros basados en una relación de confianza mutua.

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