¿Quién pone el cascabel al gato en el caso de la crisis de agua?

La escasez de agua es ya una realidad y un problema acuciante para millones de personas en todo el mundo. Con 8.000 millones de habitantes en el planeta y unas necesidades de consumo de agua que experimentan un crecimiento desmedido también por culpa de unos procesos productivos altamente demandantes de agua, la situación tanto a nivel global como país por país se está volviendo insostenible.

Si se observa detenidamente, el protagonismo mediático de los grupos ecologistas está a la baja y sus mensajes catastrofistas respecto al cambio climático están dejando de resonar con tanta fuerza, quizá porque el cambio es ya una realidad indiscutible y patente para millones de personas, que no solamente están viendo cómo se altera su vida cotidiana, sino cómo se pone en riesgo su supervivencia.

La reciente celebración del mayor Congreso Internacional del Agua, el de la Global Water Intelligence (GWI), ha reunido a los mayores expertos en el campo de la desalación y algunos de los temas más recurrentes han sido la recuperación y el reúso de agua procedente de procesos industriales o la mejora continua en los procesos de desalación de agua de mar para consumo humano. 

Una mejora continua del sector que está en el corazón de empresas que, como KEIKEN Engineering, aportan experiencia y conocimiento y ayudan a las grandes constructoras y operadoras de plantas desaladoras en el logro de estos objetivos.

La reutilización de las salmueras, concentrado salino resultante del proceso de desalación del agua de mar, de cara a la obtención de otros recursos tales como el litio a partir de ellas, orientado por ejemplo a su uso en la industria de fabricación de baterías, es otro de los temas en desarrollo y que mayor interés está despertando.

Así, el sector de la desalación de agua de mar se esfuerza y camina de forma decidida, ya no solo en conseguir minimizar la huella de carbono producida, con un proceso productivo muy ajustado, y en el que compañías como KEIKEN Engineering colaboran cada día, sino además en el reaprovechamiento de los recursos y la reducción de la factura energética y de agua resultante de su proceso productivo, en los cada día más proyectos de plantas desaladoras alrededor del mundo.

Se trata de un sector claramente innovador y orientado hacia la economía circular, que investiga fuera y dentro de sus departamentos de ingeniería en la manera de conseguir que la desalación de agua de mar sea lo más eficiente posible, y además fuente de nuevas riquezas. En este sentido, KEIKEN Engineering aporta soluciones a medida para una desalación eficiente del agua de mar.

¿Y qué se quiere decir con poner el cascabel al gato en el caso de la crisis del agua? Pues en que la pelota ya no está sobre el tejado de un sector que demuestra cómo es posible generar un agua de calidad indiscutible para el consumo, incluso mejor que la que tradicionalmente se ha consumido a partir de fuentes de agua dulce, sino que ahora se trata de definir e implementar políticas del agua desde las instituciones, con una potente asignación presupuestaria y una capacidad de interlocución a nivel global entre países para coordinar sus estrategias.

En definitiva, el debate ya no se centra en la cada día mayor escasez de agua dulce, cuestión por todos conocida como consecuencia del cambio climático, por lo que el agua en lagos, pantanos y ríos verá cómo se reduce año a año su disponibilidad, sino en cómo conseguir aumentar con rapidez la lista de nuevos proyectos de construcción de plantas desaladoras de agua de mar.

Ya son muchos los organismos y consorcios públicos del agua que cada día presumen y hacen gala de sus éxitos en la obtención de financiación para la construcción de grandes infraestructuras y plantas desaladoras. Este proceso sigue siendo lento y farragoso y los tiempos desde la gestación de un proyecto de planta desaladora hasta su puesta en funcionamiento no bajan por lo general de los 5 a 8 años.

La cuestión clave está entonces en cómo conseguir la financiación de estos proyectos y reducir la burocracia y el tiempo de ejecución de estos proyectos desde su fase de diseño hasta su puesta en marcha y operación, cuestión que debería figurar en la agenda de las cumbres del clima y paralelo a otros asuntos de vital importancia para todos y todas.

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