“Cuando los medios son limitados, las batallas son elegibles”

Fotografías y texto: Estela Muerza

El bombero Roberto Muñoz se manifiesta frente al ayuntamiento de Logroño, exigiendo la no obligatoriedad de guardias en el Parque de Bomberos

“Harto de que impongan unilateralmente guardias localizadas exigiendo condiciones draconianas, que es difícil cumplirlas”, expone el bombero Roberto Muñoz Herbías, cabo del Parque de Bomberos de Logroño, manifestándose al frente del ayuntamiento.

  Afirma no aceptar dos años a base de resoluciones, por lo que ha pasado por un proceso de denuncias y trámites judiciales, que han conducido a dos sentencias en contra de los bomberos, que el juez apoya por no querer escuchar el punto de vista de los bomberos. El no comprender su punto de vista, ha llevado a Roberto Muñoz a instalarse en una tienda de campaña al frente del ayuntamiento, para que “la alcaldesa me vea, pero parece que tiene asuntos más importantes que atender, o de más espectáculo”.

  La evolución social del servicio de Bomberos desde que Roberto entró en 1999 es clara: “Ha habido una reducción de personal y de medios y no hay que echar la culpa a la tan manida crisis porque el Ayuntamiento tiene superávit”. Y no entiende cómo un servicio público como es el Cuerpo de Bomberos no puede contar con unos medios adecuados como falta de vehículos, escalas rotas y material en estado lamentable.

  Muñoz explica que no se puede escatimar en la formación (donde no hay presupuesto), ni seguir una línea de disminución de personal, porque repercute en el servicio al ciudadano. “Tenemos una oposición encallada, porque quieren generar una bolsa de interinos”, afirma.

   Este bombero reclama mejoras salariales, pero sobre todo, incide en la no obligatoriedad de guardias, que dictaminen que tiene que estar localizado a 15 minutos del Parque de Bomberos. Eso ha hecho que se instale en la Plaza del Ayuntamiento, que está a la misma distancia que si estuviera en su casa.

  Mientras tenga resoluciones, Roberto compartirá espacio con ocho compañeros, que se turnan semanalmente y por la tarde, acude a su trabajo.

  Este es un acto simbólico que pretende alertar a la clase política (que tiene una visión muy subjetiva), más que a la ciudadanía. Es un modo de reclamar sus derechos.

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