Una red criminal en Nepal ha convertido el paraíso del trekking en el techo del mundo en un campo minado de engaños, donde turistas desprevenidos son víctimas de una estafa sofisticada que drena millones de dólares de las aseguradoras internacionales. Según una investigación del Kathmandu Post reciente, empresas de guías, operadores de helicópteros y hospitales conspiran para fabricar emergencias falsas por mal de altura, aterrorizando a los excursionistas y facturando rescates inflados.
El envenenamiento como anzuelo
El modus operandi es tan simple como perverso: los guías mezclan polvo de hornear en la comida de los turistas para provocar vómitos y malestar, combinado con sobredosis de Diamox —un fármaco contra la altitud— y agua contaminada. Estos síntomas leves se exageran hasta hacer creer a las víctimas que enfrentan una muerte inminente por edema pulmonar o cerebral. "Algunos fingen para evitar el descenso a pie, pero muchos son engañados con puro terror", detalla el reportaje, que expone cómo se falsifican historiales médicos y se inflan facturas.
Un helicóptero charter de apenas 4.000 dólares transporta a varios "enfermos" de una vez, pero cada pasajero genera una reclamación separada por encima de los 12.000 dólares. Manifiestos falsos, hojas de carga inventadas y registros hospitalarios trucados completan el fraude, con casos documentados de turistas bebiendo cerveza en 'tratamiento'. Los hospitales, cómplices, abonan comisiones del 20-25% a las mafias de trekking y aviación.
De la exposición en 2018 a las acusaciones de 2026
La estafa no es nueva: salió a la luz en 2018 con un informe de 700 páginas y promesas de reforma, pero la laxitud policial permitió su resurgir. Ahora, en marzo de 2026, 32 personas —guías, pilotos y médicos— fueron acusadas formalmente, desmantelando una trama que ha desviado fondos de aseguradoras globales durante años. No todos los implicados son forzados: algunos turistas aceptan incentivos en efectivo para participar.
Esta red pone en jaque la industria del turismo himalayo, que atrae a miles de españoles y europeos ansiosos por el Everest. Las autoridades nepalíes prometen mano dura, pero el Kathmandu Post advierte: sin controles estrictos, el fraude seguirá cobrando víctimas en las alturas.






