La revista Consumer analiza de forma rigurosa qué hay de cierto en las afirmaciones más extendidas sobre el agua con gas, una bebida cada vez más popular pero rodeada de dudas
La popularidad del agua con gas ha crecido en los últimos años como alternativa a los refrescos azucarados. Sin embargo, alrededor de esta bebida persisten numerosas ideas erróneas que generan confusión entre las personas consumidoras. La revista Consumer desmonta estos mitos y aclara qué efectos reales tiene su consumo.
Las diferencias entre tipos de agua y sus efectos digestivos
Una de las creencias más comunes es que todas las aguas con gas son iguales. Esto es falso: algunas proceden de manantiales donde el dióxido de carbono (CO₂) aparece de forma natural, mientras que otras se gasifican durante el embotellado. Su composición mineral también varía según el terreno del que procede e influye en la cantidad de sodio, calcio o magnesio presentes en cada botella.
Más allá de su origen, el agua con gas genera la clásica sensación de hinchazón debido al dióxido de carbono disuelto, un efecto temporal descrito en investigaciones como las publicadas en BMJ Nutrition, Prevention & Health. No obstante, lejos de ser perjudicial, Consumer señala que puede contribuir a mejorar la digestión al estimular la producción de jugos gástricos y favorecer el movimiento intestinal, beneficios confirmados en estudios con personas que presentan estreñimiento o afecciones digestivas crónicas.
Hidratación, salud dental y función renal
Otro mito extendido es que hidrata menos que el agua natural. Según Consumer, ambas son igual de eficaces para reponer líquidos, ya que el CO₂ no altera la capacidad del organismo para absorber agua. También se descarta que modifique el pH de la sangre: el cuerpo mantiene este parámetro de forma estable gracias a la acción combinada de pulmones y riñones.
Respecto a la salud dental, la publicación recuerda que el agua con gas es mucho menos ácida que los refrescos y no erosiona el esmalte de forma significativa, como confirma la Asociación Dental Americana. Del mismo modo, no solo no daña los riñones, sino que algunas variedades ricas en bicarbonato, calcio o magnesio podrían incluso reducir el riesgo de cálculos renales.
Finalmente, Consumer distingue esta bebida de la soda —que añade sales— y de la gaseosa, que contiene azúcar o edulcorantes. En definitiva, el análisis concluye que el agua con gas es una opción segura para la mayoría de la población, aunque quienes sufran reflujo o hinchazón deberían moderar su consumo.



