La tensión humanitaria en la Franja de Gaza ha escalado tras la muerte de dos conductores contratados por UNICEF, víctimas de disparos del Ejército de Israel mientras transportaban agua potable. El organismo internacional hizo público este suceso el pasado 18 de abril, emitiendo una declaración oficial por el asesinato de estos trabajadores en cumplimiento de su misión humanitaria, lo que ha generado una enérgica condena global.
Según ha informado el Ejército israelí a la agencia AFP, sus tropas abrieron fuego tras identificar a lo que describieron como "dos terroristas armados" que se aproximaban a la denominada Línea Amarilla, el perímetro que delimita la zona bajo control militar israelí. Ante la gravedad de los hechos denunciados por la organización, las autoridades del ejército han confirmado que el incidente se encuentra actualmente bajo investigación para esclarecer las circunstancias del ataque.
Obstáculos a la ayuda humanitaria y seguridad del personal
Este ataque directo supone un golpe a las operaciones logísticas de UNICEF, que busca mantener el acceso a agua segura para cerca de 470.000 niños y niñas. La jefa de la oficina del organismo en Gaza, Sonia Silva, de visita oficial en Madrid, ha insistido ante los diputados del Congreso en la necesidad de garantizar corredores seguros. La muerte de los transportistas evidencia el riesgo extremo al que se exponen quienes gestionan la entrada de suministros vitales.
La paralización de las rutas de suministro debido a la inseguridad agrava una situación ya desesperada: más de 21.500 niños han muerto desde el inicio de la guerra y cerca de un millón de menores requieren asistencia urgente. La organización subraya que, sin garantías de seguridad para el personal, servicios esenciales como la vacunación y la respuesta nutricional para evitar la desnutrición aguda en 100.000 menores se encuentran en riesgo de colapso total.
Reclamos de la comunidad internacional
El incidente ha reforzado la petición de UNICEF para que se respeten los principios del derecho internacional y se proteja a los trabajadores que distribuyen ayuda. Mientras la investigación israelí sigue su curso la realidad sobre el terreno muestra que solo el 48% de los servicios de salud funcionan parcialmente.
El restablecimiento de la seguridad en los puntos de entrada y el respeto a las misiones humanitarias son, según Silva, los únicos mecanismos para evitar que la infancia de Gaza siga pagando el precio más alto del conflicto.







