La pediculosis afecta a la mitad de la población española de entre 3 y 12 años, concretamente al 50,7%, según el IX Estudio CinfaSalud sobre percepción y hábitos de los padres y madres españoles ante los piojos, avalado por la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria (SEFAC). El picor fuerte y persistente en el cuero cabelludo es el síntoma físico más característico de una infestación, pero el estudio pone también el foco en su impacto psicológico: uno de cada cuatro progenitores (24,7%) cree que tener piojos afecta emocionalmente a sus hijos e hijas, y un 43,5% reconoce que le afecta directamente a ellos mismos.
Según explica Julio Maset, médico de Cinfa, "este impacto psicológico se debe en gran parte al estigma social asociado a estos parásitos, sobre los que persisten mitos como el que los vincula erróneamente con la falta de higiene. Y esta vergüenza puede llevar a los progenitores a no cumplir con la responsabilidad de notificar al colegio que sus hijos están infestados, lo cual eleva el riesgo de que el resto de menores se contagie. Sin embargo, los piojos van al pelo limpio igual que al sucio".
El estudio identifica otras creencias erróneas muy extendidas, como que los piojos saltan o vuelan —cuando en realidad se desplazan caminando—, que es necesario cortar o rapar el cabello para combatirlos, o que remedios caseros como la mayonesa, el aceite de oliva o la vaselina resultan eficaces contra ellos. "Para destruir a nuestro enemigo, primero hay que conocerlo. Es decir, para eliminar los piojos de una manera eficaz, es necesario desterrar estos falsos mitos, que pueden llevarnos a aplicar medidas preventivas o tratamientos equivocados", recalca el experto de Cinfa.
Cómo detectar y tratar la infestación
Ante la aparición de picor en el cuero cabelludo o si se ha notificado un caso en el entorno escolar, el doctor Maset recomienda examinar de forma exhaustiva el cabello con una lendrera, mechón a mechón, y a ser posible con el pelo húmedo, ya que en esas condiciones los piojos se mueven con mayor lentitud. También aconseja colocar una toalla o un paño blancos sobre los hombros del menor para poder detectar los parásitos si caen.
Si se confirma la infestación, lo recomendable es consultar al profesional farmacéutico sobre el tratamiento más adecuado —champús, lociones o espumas—, leyendo previamente las instrucciones del fabricante. Tras la aplicación, el pelo debe secarse al aire y nunca con secador, ya que el calor inactiva el efecto insecticida residual del producto. Finalmente, es necesario repetir el peinado con lendrera para retirar los piojos muertos y las liendres, y repetir todo el proceso una semana después para garantizar la eliminación completa del parásito.
Maset subraya además la importancia de diferenciar los productos pediculicidas, de uso exclusivo tras confirmarse la infestación, de los repelentes específicos, pensados para la prevención. También recomienda concienciar a los menores de no compartir toallas, peines u otros accesorios para el pelo, una de las principales vías de contagio.
"Debemos tener muy presente que la primera medida preventiva es notificar al centro escolar que nuestro propio hijo o hija tiene piojos en caso de que así sea. Además, para evitar estigmatización, los centros educativos manejan esta información de forma anónima. Es la manera más efectiva de evitar su propagación y un ejercicio de responsabilidad social. Es posible mantener a raya a estos parásitos si dejamos la vergüenza a un lado y colaboramos", concluye el doctor Maset.
Diez mitos que conviene desterrar
El estudio desmonta diez creencias erróneas muy extendidas sobre los piojos. Entre ellas, que solo infestan el pelo sucio, cuando en realidad cualquier persona puede padecer pediculosis con independencia de su higiene; que saltan o vuelan, cuando se desplazan caminando con gran rapidez gracias a sus tres pares de patas; o que transmiten enfermedades, algo que solo ocurre con los piojos del cuerpo, no con los de la cabeza.
También se desmiente que sea necesario rapar o cortar el pelo para tratarlos, ya que los piojos y liendres se adhieren a la raíz y no a toda la longitud del cabello, y que los remedios caseros como la mayonesa, el aceite de oliva o la vaselina sean eficaces, cuando su acción pediculicida no está demostrada. El estudio advierte igualmente de que otros remedios como el alcohol o el queroseno resultan irritantes, tóxicos e inflamables.
Otras ideas erróneas que conviene desterrar son que toda la familia debe tratarse con pediculicida por precaución, cuando solo debe aplicarse a quien tenga confirmada la infestación; que los niños con piojos deben quedarse en casa, algo innecesario si se ha aplicado correctamente el tratamiento; que los animales de compañía pueden transmitir piojos, algo imposible al tratarse de un parásito exclusivamente humano; y que las piscinas son un foco habitual de contagio, cuando en realidad el piojo permanece firmemente aferrado al cabello incluso en contacto con el agua.





